Al final nos hemos atrevido con la última frontera del panadero casero avezado: la masa madre. La nuestra, que es ya una más en casa, se llama Gurgah, nombre que refleja su naturaleza: lo que más le gusta es hidrolizar polisacáridos y devorarlos lentamente, produciendo gases, ácidos y alcoholes.
Hacer el pan con la masa madre conlleva planificación y ganas de ponerse, pero el resultado es muy satisfactorio.
Aunque la hogaza ha caído un poco en la segunda fermentación (los tiempos de Gurgah son distintos a los de la levadura comercial), es preciosa y estamos muy orgullosos de ella. Aquí se ve la increíble estructura que tiene la miga:
Poco a poco conseguiremos que nos salgan hogazas aún mejores!